DEBATE SEXUAL

14-01-18

El feminismo y las fronteras internacionales y culturales

El acoso sexual es un fenómeno social de múltiples y diferentes dimensiones, denunciado por distintas organizaciones e instituciones y constatado por distintas investigaciones que han evidenciado la existencia, extensión y gravedad en el ambiente laboral.

El acoso sexual es un fenómeno social de múltiples y diferentes dimensiones, denunciado por distintas organizaciones e instituciones y constatado por distintas investigaciones que han evidenciado la existencia, extensión y gravedad en el ambiente laboral.

En Francia, el país que lo debate todo, que discute sobre todo y que cuestiona casi todo, solo era cuestión de tiempo que el movimiento internacional feminista #MeToo, surgido tras el tsunami del escándalo Weinstein que también ha provocado un maremoto nacional incluso con hashtag propio, #balancetonporc (denuncia a tu cerdo), fuera puesto en duda desde las propias filas del feminismo o, cuanto menos, por mujeres.

Dos tribunas han dejado patente estas semanas que no hay un movimiento feminista monolítico y, sobre todo, que no existe consenso pleno ni siquiera en cuestiones básicas como los límites entre la seducción y la agresión sexual.

Desde el Gobierno, en las leyes, la frontera es precisa: “Toda mujer debe tener derecho a no consentir”,subrayaba en una reciente entrevista la secretaria de Estado para la Igualdad Hombre-Mujer, Marlène Schiappa. “Y hay poco consentimiento en el hecho de que un hombre frote su sexo contra una mujer en el metro o en el autobús, o le ponga una mano en el culo, o intente besarla en su puesto de trabajo.”

En Francia, agregó también Marlené, “la agresión sexual está tipificada como delito desde hace tiempo. Schiappa trabaja además, antes aún del caso Weinstein, en una ley que penalizará con multas el acoso sexual en la calle. Pero para el centenar de intelectuales y artistas como Catherine Deneuve que firmaron el lunes una tribuna en Le Monde crítica con la a su juicio ola “puritana” del #MeToo y en defensa del “derecho a importunar” como elemento “indispensable para la libertad sexual”, sí, “la violación es un crimen”. Sin embargo, sostienen, “la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”. Ya lo decía Schiappa, que Francia tiene un problema con el concepto mismo de seducción, que algunos creen que es “algo casi inscrito en el patrimonio cultural francés”.

La furibunda respuesta de una treintena de feministas en una rápida tribuna de réplica, así como de otras políticas, intelectuales e historiadoras (y también hombres) tanto dentro como fuera de las fronteras francesas, ha puesto de relieve que no todos, más bien al contrario, piensan como las cien del manifiesto. Al fin y al cabo, la libertad para decidir sobre el propio cuerpo ha sido un principio fundamental del feminismo que el manifiesto cuestiona cuando defiende el derecho de los hombres a molestar sin contraponer al menos el derecho de las mujeres a no ser importunadas y trivializa además el impacto en tantas mujeres del acoso sexual.

Pero la lluvia de críticas que ha provocado lo que muchos consideran un desprecio del movimiento feminista mismo ha apagado otra denuncia del manifiesto que incluso algunos de los que no sostienen sus postulados consideran que, cuanto menos, merece una reflexión: el miedo, como insistía el viernes en un nuevo artículo la psicóloga e instigadora de la polémica tribuna inicial, Sarah Chiche, de que “un cierto feminismo se ponga al servicio del revisionismo cultural” y se produzca una “nueva censura, insidiosa” que coarte la libertad de creación artística y pretenda “reescribir la literatura y refilmar el cine”. O la ópera, como con la polémica versión de la ópera Carmen de Bizet recién estrenada en Florencia en la que la protagonista mata a su maltratador.

En Argentina, tras el movimiento #WhyWeWearBlack (Porque debo usar negro), que constaba en el uso de actrices, actores y artistas de un vestuario negro para la entrega de los Golden Globes a modo de protesta contra los abusos del ya mencionado caso Weinstein y todos aquellos que aún no se dieron a conocer, en nuestro país hablar sobre el acoso sexual es entrar en la Ley de Protección Integral  a las Mujeres (N° 26.485), en donde se se califica al acoso como una forma de violencia contra las mujeres, también relativa a la violencia de género.

Según cifras del Ministerio de Trabajo de la Nación, las denuncias por acoso sexual pasaron del 5% al 7 % del total de los casos en los últimos 8 meses.

El procedimiento habitual ante una situación de acoso laboral, es en principio llamar o enviar un correo electrónico anónimo para recibir asesoramiento. De este asesoramiento, se encarga una oficina especializada dentro del Ministerio de Trabajo.

Luego, se puede avanzar con una denuncia ante el Ministerio, que se contacta con el empleador, no con el acosador, para que tome medidas sobre el asunto. Hay un equipo interdiscisplinario de abogados, psicólogos y sociólogos que asesoraránn a la víctima y al grupo de compañeros del trabajo.

En caso de que el asunto sea de gravedad o continué. El acoso sexual constituye un delito según la Ley N° 25.087. El autor de este delito debe ser sancionado con una pena de prisión que va de seis meses a cuatro años.

El castigo puede aumentar de 4 a 10 años dependiendo de la duración del acoso y las circunstancias en que se llevó a cabo.

“La violencia laboral contra mujeres es un campo muy poco visibilizado y menos aún resuelto, por eso tenemos que reclamar que estos temas no sean ignorados por empleadores e incluso por quienes rigen las relaciones laborales, como es el Ministerio de Trabajo”, dice Mabel Bianco, presidenta de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer. Ada Rico, titular de la ONG La Casa del Encuentro, referente en el seguimiento de casos de violencia de género, sostiene: “Aún es imposible saber fehacientemente si crece o no el acoso sexual en ámbitos laborales porque antes se naturalizaba. Es algo que existió siempre, pero ahora se visibiliza porque las mujeres se animan a denunciarlo, pero esa actitud debe estar acompañada por respuestas de parte de la justicia. Esa mujer que se anima a denunciar debe ser contenida por el Estado”.